En la última entrada os traje una opinión sobre la obra Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams y hoy vengo con otra opinión, esta vez sobre 1984 de George Orwell. No sé ni por dónde empezar, ya que cuando algo no te gusta, es difícil describirlo. En esta entrada sí que vais a encontrar spoilers, por lo que si no habéis leído el libro y queréis hacerlo, no sigáis leyendo.
Veamos, 1984 es una novela política de ficción en la que encontramos el mundo dividido en tres grandes Estados que están continuamente en guerra. Nuestro protagonista, Winston Smith, vive en el Estado de Oceanía, donde la máxima autoridad es un ente llamado el Gran Hermano y es gobernado por el Partido. Los habitantes son continuamente vigilados por unas pantallas (telepantallas) que emiten programación las 24 horas del día y, además, graban todo lo que hace cada individuo. Smith resulta ser un rebelde de pensamiento que trata de pensar la manera de destruir el Partido. En un principio me gustó mucho todo el tema revolucionario y el desarrollo de ideas que iba teniendo, pensando que la obra podía dirigirse hacia el plano de una revolución y ser muy interesante. Pero nada más lejos de la realidad.
A mitad de la historia aparece un romance: Smith comienza a encontrarse furtivamente con Julia, arriesgando así la vida de ambos. En un principio, el protagonista odiaba a la susodicha por ser la clara imagen de un miembro del Partido que lo da todo por este, pero descubrimos que es solo una fachada muy convincente para una revolucionaria. Aquí una empieza a pensar: "vale, un romance puede pasar... ahora comenzarán a hacer planes para destruir el Partido". No. Ni mucho menos. La muchacha resulta ser una completa imbécil cuya rebeldía no va más allá de lo que a ella afecte. Cuando Smith comienza a contarle cosas que él ha ido descubriendo, a ella le da exactamente igual e incluso no lo entiende porque no tiene que ver con ella directamente.
Total, al final acaba capturándolos a ambos la policía para torturarlos y que confiesen sus crímenes, sin siquiera haber cometido ninguno aparte de sus encuentros amorosos. Te cuentan entonces varios meses o años de tortura para modificar la mente del protagonista (ya no sabemos nada más de Julia hasta el final) y que deje de odiar al Partido. En principio parece ser que sigue con la fachada de ser leal al Partido y odiarlo en su interior. Finalmente, lo sueltan, le dan un trabajo bien remunerado y de poco esfuerzo y él se dedica a beber en un bar y a jugar al ajedrez. Nos cuenta un encuentro con Julia en el que los dos están muy cambiados y nada va a poder volver a ser como antes, claramente.
La novela termina con un comunicado de la radio de una gran victoria de guerra por parte de Oceanía. Smith dudaba entre si iba a resultar vencedor o perdedor su Estado, pero cuando vence, se da cuenta de que en realidad ama al Gran Hermano.
Empecé a leer con mucha ilusión y me ha ido decepcionando gradualmente. No esperaba que apareciese un romance, ni que no realizasen ningún acto por esa revolución en la que se supone que creían, ni mucho menos ese final tan estúpido, desde mi punto de vista. Además, hay bastantes páginas dedicadas a la lectura de un libro que aclara muchas dudas para los revolucionarios (es una larga historia que no merece la pena contar) y son increíblemente aburridas. Salvo por el momento en el que hablan de crear una Estrella de la Muerte, y cito: "otros exploran posibilidades más remotas, como la de concentrar los rayos del sol mediante gigantescas lentes suspendidas en el espacio a miles de kilómetros", el resto de lo que hablan sobre dicho libro es infumable.
No obstante, esto es solo mi opinión y está claro que os puede haber gustado esta novela. Es una de esas que la gente dice que hay que leer necesariamente en la vida. Pues ya está hecho y que no vuelva a suceder. Agradecería que compartieseis vuestra opinión conmigo, quizá así podría valorar desde otra perspectiva la obra.
Os dejo aquí las dos frases que me han gustado y quiero destacar:
"¿Cómo iba a comunicarme con el futuro? Esto era imposible por su misma naturaleza. Una de dos: O el futuro se parecía al presente y entonces no le haría ningún caso, o sería una cosa totalmente distinta y, en tal caso, lo que él dijera carecería de todo sentido para ese futuro"
"Era uno de esos ensueños que, a pesar de utilizar toda la escenografía onírica habitual, son una continuación de nuestra vida intelectual y en los que nos damos cuenta de hechos e ideas que siguen teniendo un valor después de despertar."¡Un saludo y nos leemos pronto!




